No me vengas con cuentos de Princesas, de Lourdes Bayonas

 
Perder.
Perder el rumbo, ganar ausencias,
rozar miradas que me embelesan y salir corriendo al borde de tu abismo,
que me llama,
que me vence,
que me gana y que me pierde en cada encuentro acorralada.

Perder…
perder de vista tus ojos,
de mil mares endulzados en pantallas,
andando a ciegas, saltando a vuelos, volando a medias
y danzando entre cristales rotos de domingos por la tarde.
De vísperas de nada y de cosechas yermas.

Ilusiones y fracasos se entrelazan en mi pecho,
del dicho al lecho, del lecho al trecho
y del valle entre mis piernas a tu leche edulcorada de mentiras vacuas.

No me vengas con cuentos de princesas,
con promesas, alabanzas y loanzas,
que eso son sólo palabras.
Y la palabra es sacra, es santa, es pura, es aire, es beso, es viento, es mar y es luz
que cierra mis pupilas,
que no aguantan la belleza del sonido,
de la brisa,
del sentido sin sentido de que salgan de tu boca en chubasquero,
maltratadas, masticadas y escupidas
con olor a caramelo de cebolla amarga.

Guárdate la boca pútrida y pétrida.

No me vengas con cuentos de princesas,
que soy Diosa.
Que soy fuego, y ardo en sinsabores,
en sabores, en dolores, en placeres,
que soy fuego,
que soy guerra y soy remanso de paz donde acostarse,
cálido, materno, tierno.

Que soy Diosa, que soy bruja,
que soy todas y ninguna,
y todas en mí son una.
Las que fueron...las que no pudieron ser del todo.
Las que ganaron y las que perdieron,
las que lucharon y las que se rindieron,
las que mamaron y las que amamantaron,
las que fueron alimento y las que fueron hambre,
las de la sangre en las manos y el brillo en la mirada,
las del hielo en el dolor y el alma en calma,
las que supieron, las que se negaron,
las que decidieron no ser más, y las que se dejaron.
Todas. Ellas, diosas.
Todas, ellas, una.
Todas...todas, y ninguna.

Lourdes Bayonas